Jorge Maqueda entró al cuarto de balones de Villafranca porque su tío Jesús ya no aguantaba más. "Tira para el pabellón que seguramente hay alguien jugando ahí a algo, vete allí y deja de molestarme." Así empieza, literalmente, la historia de uno de los laterales más completos que ha dado el balonmano español. Por cortesía del hartazgo de un familiar.

Esta semana lo recibimos en Liftados. Lo grabamos en un cuarto de balones —sí, con balones en las estanterías y una botella de Arehucas detrás que llevaba ahí desde que el equipo femenino jugó en Plata en Canarias— y salió una hora con el lateral del KS Kielce que merece la pena escuchar entera.

El tío Jesús y el pabellón de Villafranca

La historia de origen de Maqueda es tan buena que da rabia no haberla contado antes. De pequeño era, en sus propias palabras, "muy trasto". Un verano en casa de su tío Jesús, ya al límite, le soltó la frase que cambió su vida: "Tira para el pabellón." Fue. Estaban jugando al balonmano. Preguntó si podía jugar. El entrenador vio lo que tenía delante: alto para su edad, grande y zurdo. La conclusión fue inmediata: "No te voy a poner a jugar al fútbol que eres un torce de botas, así que quédate aquí con nosotros." Todo el balonmano español le debe algo al tío Jesús.

De Villafranca al campus de Valero Rivera con 15 años. Un entrenador que tenía allí tenía contactos en Barcelona a través de su hermano, tiraron de ellos, y Maqueda acabó en la prueba. Al terminar, Valero se reunió con él y con sus padres: si querían, se quedaba en la cantera blaugrana. No en la Masía, que entonces era casi exclusiva para el fútbol, sino en un piso con tutor. Así se hacían las cosas.

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2017: campeones de Europa en Skopje

Si hay un momento en la carrera de Maqueda que merece párrafo propio es la Champions de 2017 con el Vardar de Macedonia. Ganaron. Y cuando volvieron a Skopje lo que les esperaba no tenía nombre: desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, todo el mundo en la autopista, todos los coches parados. Ellos en el autobús descapotable de rigor. La plaza abarrotada. Héroes nacionales.

"No lo he vivido nunca en mi vida", dice Maqueda. Y lo dice alguien que ha ganado medallas con la selección española, que ha jugado en el Veszprém y en el Kielce donde el pabellón se llena en cada Champions. Pero aquello era diferente. La afición del Vardar, como la describe él, es rollo fútbol, rollo ultras: "Llegabas allí y te dolían los tímpanos del ruido." Aquel equipo, con Raúl González y Davis en el banquillo, no era el favorito. Ya sabemos lo que pasó.

Raúl González: el que le enseñó a ver el balonmano

Le preguntamos cuál es el entrenador del que más ha aprendido. Sin dudar: Raúl González. "Yo jugaba antes muy bruto, muy animal, para dentro, todo para dentro. Gracias a Raúl fue el que me enseñó a ver el balonmano." Toda la vida mandando al atacante hacia el lado débil, hacia afuera. Llega a Vardar y le dicen que no, que hay que mandarlos para dentro. Un mundo nuevo.

"Gracias a ese cambio que hice, estoy ahora mismo jugando. Si hubiera seguido jugando como jugaba, golpes, lesiones, no estaría jugando." Eso es lo que hace un buen entrenador: no solo hacerte mejor hoy, sino hacer que puedas seguir siéndolo dentro de diez años. Antes de Raúl: Rafa Guijosa en Alcobendas, que le formó el carácter a base de caña y siempre para adelante. Después: Talant Dujshebaev en Kielce, que de poco lleva una vena en el cuello que ya tiene historia propia.

Sterbik era trampa. Karabatić, guerra asegurada

Al portero más difícil al que se ha enfrentado no le cuesta ni un segundo: Sterbik. "Era trampa directamente. Era portero trampa." No solo por lo que paraba, sino por cómo intimidaba. Le veías y ya pensabas que no iba a entrar. Llegaba lesionado al Europeo de Croacia, lo llamaron de urgencia, y el rival le veía calentar y ya cambiaba la cara. Eso es Arpad.

Y el rival más duro en defensa: Nikola Karabatić. No tanto por la violencia del choque, sino por la nobleza de la confrontación. "Un tío noble que va para dentro y le puedes pegar todo lo que quieras y no pasa ni en L." Guerra limpia, guerra asegurada, partido tras partido, con el PSG, con la selección francesa, siempre lo mismo. En el juego del Jordan que hacemos en el podcast, Karabatić ganó todas las rondas sin que nadie pudiera destronarlo.

La selección española: amigos, no compañeros

Sobre la generación de oro española, Maqueda pone en palabras lo que muchos intuíamos desde fuera: no eran compañeros, eran amigos. "Todo el mundo tenía ganas de ir a las selecciones para coincidir con esa gente que no veías a menudo." Y eso se notaba en el campo: en que te daba lo mismo no meter tú el gol, en que cuando te superaban en defensa te apartabas y sabías que el portero la iba a parar.

Con Rodrigo Corrales en el Veszprém tenían un acuerdo tácito: "Tú cuando te entran en dos ni lo toques. Se lo voy a parar yo. Ni lo toques, porque si lo tocas van a pitar el penalti y me vas a fastidiar." Eso es confianza. Eso es equipo. Y el último balón siempre era para Alex Dujshebaev, porque cuando Alex está fino, que lo pare quien pueda.

Una hora con uno de los grandes. Escúchalo.